La rutina en la que estamos sumergidos a diario, nos hace vivir situaciones que si las evaluamos en un contexto distinto a Venezuela, es imposible que ocurran. Suele pasar que asociamos conductas anti-ciudadanas con posiciones políticas específicas, cosa errada como filosofía, si partimos del principio del derecho a la presunción de inocencia.
Todo esto viene al ruedo, por una conducta inaceptable para cualquier ciudadano de un país serio –me refiero a “país serio”, a aquel donde las leyes se respetan, hay una autoridad que logra ponerlas en prácticas y unos ciudadanos que las obedecen y le guardan respeto-., por lo que denominamos el “Uso del Hombrillo”.
Aquellos, que como definí al comienzo de éstas líneas violan la presunción de inocencia –en este caso, de parcialidad política-, cometerían un error inaceptable si al ver a los que usuarios de este canal en la Autopista del Este. De no ser así, obviamente estaríamos en una importante porción de la población distinto a lo percibido en este lado de Caracas.
Después de girar varias veces sobre un mismo eje, voy al fondo del asunto. ¿Cómo hay gente que quiere o presume querer lo mejor para un país, cuando es incapaz de colocar sus intereses individuales como es llegar “más rápido”, a los intereses del colectivo?
Muchas veces mis padres me hablaron de Romualdo, y de la campaña realizada por Renny en su programa de TV, y se logró concientizar que el rayado es para los peatones, no para los carros.
Está en nosotros colocar nuestro grano de arena para que el país funcione, pero primero tenemos que aceptar nuestros deberes para con la sociedad y nuestros derechos que serían exigibles de inmediato.
Nuestro ideal de ciudadano, tiene que dejar de ser Homero y Bart Simpson. Los derechos de un individuo tienen límites, y no es más que donde comienzan los derechos de los otros.
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