miércoles, 7 de abril de 2010

Sentimiento de venganza… ¿Parte de nuestra cultura?

El día domingo 4 de abril fui a ver una película en un cine del este de Caracas –que no tiene sentido especificar-, con el fin de ver la nueva película de Mel Gibson. Éste largometraje, lejos de ser merecedora de Oscar, toca los sentimientos más profundos y sensibles del hombre: los hijos.

Claro está que no tengo el menor interés de contar la película, sin embargo, durante la proyección ocurrieron una serie de reacciones por parte del público asistente que me hizo pensar una vez más –aunque mi abuelo solía decir: “Burro que piensa bota la carga”-, que le recomposición del país no parte de incluir a los excluidos, sino “ideologizar” a todos y cada uno de los venezolanos en base a un criterio ético y moral de respeto.

Como describí al comienzo de esta reflexión, éste largometraje toca el tema de los hijos y lo que puede representar la muerte de tan importante familiar, bajo circunstancias violentas. Gibson, representa a un detective de la Policía de Boston que tras el asesinato, dedica cada uno de los minutos de su vida a desenmarañar todo lo turbio que cubría tan dolorosa pérdida y hacer justicia por su propia mano.

De manera de no alargar la historia, lo que más me causó preocupación, es que cuando Gibson encuentra al asesino material de su hija, le dispara en una pierna y éste queda mal herido, cuestión que empezó a emocionar a los presentes y que terminó en una avalancha de aplausos cuando ya moribundo el delincuente, Gibson le propina –según percibo en la toma-, dos tiros en la cara.

Esta emoción digna de los 4 góles de Messi, o del gran juego lanzado por Santana el lunes 5, llega a su climax cuando Gibson -en cumplimiento de su venganza-, le da al autor material un líquido que se presume estaba envenenado, creando más algarabía aun y que termina con otro disparo justiciero que completó la sed de venganza.

En fin, una venganza que se aplaude bajo la figura del Ojo por Ojo, en una sala de cine del este de Caracas. Ésta situación recuerda a aquel violador de “El Valle” que fue linchado y quemado por los vecinos de la víctima, y que incluso yo aplaudí, porque considero que la violación es lo más bajo que puede caer un humano y eso no tiene arreglo. Ahora bien, la violencia nos está comiendo y nuestros valores están alterados, ¿cómo recomponemos el valor a la vida, en un país donde más del 70% de los homicidios son con más de 5 disparos, y el 60% con disparos en la cara?, donde además la clase más educada aplaude este tipo de actuaciones.

Familia, educación y cultura, ahí están los ingredientes, sólo falta quien los mezcle.

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