En un país de más de 30 millones de habitantes, encuentras
la misma cantidad de visiones de cómo deben ser las políticas de gobierno y de
estado, y aunque podría asegurar que todas tienen puntos en los que convergen
también se hay diferencias entre ellas.
Para hacer un diagnóstico real de la actualidad, tenemos que
refrescar las condiciones de país de finales de los años 80 y principio de los
90, que las podríamos resumir en: alto costo de la vida, problemas de
abastecimiento y crisis política interna. El resultado: un país con una
economía deficitaria, dos alzamientos militares, un “estallido” social y un
presidente enjuiciado y condenado por malversación de fondos ($14 millones de
dólares).
Entonces, aunque el denominado chavismo no llega al poder
por la vía de las armas, se concentra con Chávez a la cabeza de capitalizar el
malestar SOCIAL y se acerca a algo que el gobierno llamó los excluidos. Esta
masa de gente, representativa y sentida con los factores que hacían política en
el país, encuentra cobijo en este nuevo modelo de hacer política.
Pensar que este proceso desde 1992 hasta 1997 fue empírico,
es negar la capacidad estratégica y visión militar de los principales
promotores de este proyecto de país que se inicia formalmente al aprobarse la
constituyente en 1999. Quizás el gran
error de la oposición fue creer que del otro lado había improvisación y “que no
sabían lo que estaban haciendo”, lo que ha traído 15 años continuos de gobierno
“chavista”.
Ahora, ¿las condiciones son las mismas hoy que en 1989 o
1992? Si en lo económico, no en lo social.
El venezolano siempre ha aspirado y esos sueños se ven
limitados por problemas serios en el modelo económico y en la inefectividad de
las decisiones de un gabinete que tiene 10 años enrocándose entre sí. 56% de
inflación, controles que han llevado un cambio de dólar a 9 veces la tasa
oficial, un aumento de la estructura burocrática y por ende del gasto, léase
gasto, público, falta de voluntad política para corregir perversiones de
controles de precios en productos básicos y gasolina, además de la venta de
petróleo en condiciones negativas para el país por temas estrictamente
geopolíticos.
Esa aspiración de la que hablamos ha sido más sentida en la
clase media y en algunos sectores de las clases populares, que en los grupos de
menor poder adquisitivo y clases bajas, por eso vemos un país dividido en dos
partes. Ahora, ¿por qué en 15 años las reivindicaciones que propone y ofrece la
oposición no han logrado una mayoría sólida, imperturbable?
Podría hacer una lista de errores desde el 2000 hasta el
2014. Desde desmovilizar a una población en 2005 para no votar, hasta la última
denominada “la salida”. En esta perversión, el gobierno ha mantenido una
política de confrontación y polarización donde sólo ganan ellos y algunos
grupos radicales. En esa polarización se ha acentuado la lucha de clases de
“pobres” contra “ricos” y viceversa, creando un caldo de cultivo muy peligroso
porque puede generar a futuro enfrentamiento entre venezolanos.
Creer que con guarimbas se “tumba” un gobierno o con
“cadenas” se comunica mejor la gestión del ejecutivo es absolutamente
irracional. Quien garantiza que en un golpe de estado o una renuncia del
presidente, la oposición tome el poder bien sea vía elecciones o de facto. Lo
que si puedo asegurar, es que la salida rápida o violenta es mucha sangre y
ninguna garantía que no sea la de uno.
Pero así como el gobierno no puede meter el “Plan de la
Patria” y las “comunas” como un paquete chileno sobre la Constitución, la
oposición debe ser garante de la práctica democrática y participar en todas los
espacios que se abran para el diálogo y la conciliación.
El gobierno está obligado a tomar decisiones económicas impopulares
como el aumento de la gasolina, aumento de precios en productos de la cesta
básica, hacer una revisión a fondo de los problemas de flujo de caja del país,
legislar y aplicar ordenanzas para la circulación de los motorizados, así como
corregir los excesos cometidos en la Asamblea Nacional (destitución en las
comisiones) y buscar acuerdos políticos
para nombrar los nuevos integrantes del CNE, TSJ, Contraloría, Defensoría y
Fiscal General.
La oposición tiene una coyuntura en la que sin “radicalismos”
podría capitalizar el descontento de un sector del país que apoyó este proceso.
El único punto donde el “chavismo” estaría dispuesto a protestar contra el
gobierno es por el desabastecimiento y la escasez, por qué seguir dando
argumentos al ejecutivo de continuar en la polarización y la confrontación.
Pero todo esto pasa no sólo por el reconocimiento del
gobierno a todos los sectores sino que las clases sociales más altas entiendan
que no todas las personas que viven en los sectores populares son chavistas y
viceversa. Dentro de quienes adversan al gobierno, hay muchas personas de los
sectores más humildes de la sociedad, que se sienten afectados por todos los
problemas pero que no se sienten atraídos por la propuesta global de la
oposición.
En definitiva, ni es 1989 ni 1992, ni la crisis es similar,
lo que si están dadas las condiciones para que el movimiento de oposición
aproveche la coyuntura y capitalice a quienes no están de acuerdo con lo que
pasa. En tanto, el gobierno debe corregir y asumir las decisiones que les
corresponde si quieren evitar un revocatorio y continuar su “revolución”.

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